domingo, diciembre 19, 2010

Textos publicados IV

Oop bop sh’ bam
Sólo es música.
 Charlie Parker

El swing era el negocio musical más grande de todos los tiempos, claro, estamos hablando de aquellos tiempos. La palabra misma poco le faltó para que tuviera derechos de autor, todo tipo de artículos llevaban la palabra swing en su nombre comercial, desde dulces hasta películas. Pero como en otras ocasiones dentro del jazz, cuando un estilo se ha comercializado tan descaradamente, el péndulo se mueve hacia la otra orilla, la tendencia corre en sentido contrario. Así fue como nació un estilo, apenas esbozado en Kansas City y en los pequeños locales de Harlem, un estilo de jóvenes músicos que se reunían a tocar su música en el Minton´s Playhouse ubicado en el 210 West de la calle 118. No se puede afirmar que fue una creación consciente ni premeditada, sino que poco a poco fue tomando forma.

Eran los años cuarenta, terminaba la segunda guerra mundial, anteriormente ya algunos músicos habían sentido una necesidad de alejarse del swing: el trompetista Roy Eldridge, el saxofonista Lester Young, el guitarrista Charlie Christian (autor de muchas melodías robadas descaradamente por su jefe Benny Goodman) y el contrabajista Jimmy Blanton (padre del bajo andante —walking bass— e integrante de la orquesta de Duke Ellington) demostraban con sus improvisaciones que el jazz tenía que moverse o se le daría la carta de defunción.
Four musicians on stage at Charlie Parker's nightclub, Birdland, New York, New York, 1951 (probaby late March). From left, Tommy Potter (1918 - 1988) on bass, Charlie Parker (1920 - 1955) on alto saxophone, Dizzy Gillespie (1917 - 1993) on trumpet, and John Coltrane (1926 - 1967) on tenor saxophone. (Photo by Frank Driggs Collection/Getty Images)
El bebop recibió su nombre directamente de la música. La palabra refleja “onomatopéyicamente el intervalo más popular de la época: la quinta disminuida descendente. Las palabras bebop o rebop se formaban por sí solas cuando se querían cantar tales saltos melódicos.”[1]  Aunque esta explicación dada por Dizzy Gillespie, uno de los trompetistas más importantes del bebop, es igual de creíble como muchas otras que se han dado.  La quinta disminuida también fue utilizada por Duke Ellington o por el pianista Willie The Lion Smith, pero antes del bebop su uso era considerado como equivocado o disonante, durante los cuarenta, se volvió la característica de todo un estilo. Así es como el jazz demuestra que los límites son para rebasarse.

Otra característica del bebop son las frases frenéticas y nerviosas, metales haciendo lo que parecen ser meros fragmentos melódicos. Aunque actualmente estas frases nerviosas parecerán formas equilibradas, en aquellos años esto era nuevo. Es la música de las abreviaturas, de las siglas, se eliminaba todo lo que se sobreentendía, así muchas de esas frases se convierten en la clave para mayores desarrollos musicales.

Las improvisaciones están enmarcadas entre un tema inicial y su repetición al final, tocado al unísono por dos instrumentos de viento, la mayoría de las ocasiones, una trompeta y un saxofón. Después del tema se daban una sucesión de solos seguidos por intercambios de cuatro u ocho compases con la batería, regresaban al tema inicial para hacer un final abrupto.

El nuevo estilo resultó una experiencia muy exigente no solamente para el músico, sino para la audiencia. Era difícil seguir a una sección rítmica que redefinió su papel,

“...evitando el tiempo básico de cuatro ritmos al compás que sostenía al swing para crear lo que se denominó ‘comping’: una serie de complejidades según las cuales el piano, el bajo y la batería no sólo establecían la velocidad, sino que además interactuaban entre sí y los alientos a través de una serie de compases dentro y fuera del ritmo, puntuaciones y jabs (golpes) que aumentaban la intensidad y estimulaba los solistas.” [2]

También se incluían  nuevos giros armónicos muy complicados (instituidos por Gillespie y Monk) la razón era que a los jam sessions podrían acercarse músicos mediocres. Con estas transformaciones se aseguraba la calidad de las sesiones.

Otra característica del bebop era la improvisación sobre ritmos rapidísimos que exigían una habilidad técnica excepcional,  separando las notas en los solos y presumiendo saltos de octava.
Dentro del bebop existe una cantidad impresionante de buenos músicos: el pianista Thelonious Monk, el baterista Kenny Clarke, el guitarrista Charlie Christian, el trompetista Dizzy Gillespie y el saxo alto Charlie Parker, genio del jazz moderno. También andaban por ahí el otro gran trompetista Miles Davis, el baterista Max Roach, el contrabajista Oscar Pettiford, Billy Eckstine y su banda, el trompetista Fats Navarro, el saxofonista tenor Charlie Ventura, el pianista Bud Powell el saxo barítono Stan Getz, y el tenor Zoot Sims, todos ellos excelentes músicos que vestían trajes de chaquetas largas, hombros anchos y pantalones de pinzas abombados, sombreros de ala ancha, boinas, tonos oscuros y barbas en forma de candados, estilo muy similar al de los pachucos. También varios de ellos eran adictos a drogas fuertes. El caso más sonado fue Charlie Parker que murió gracias a su adicción, aunque otros no se quedaron atrás.

El Bebop tuvo también sus detractores, para algunos era una música amenazante, la llamaban “música china”; Louie Armstrong afirmaba que “el bebop es una música destructora”, la bautizó como  “música jiu-jitsu”; al parecer Armstrong no sabía que tal vez la comparación sea válida, quizá por que el jiu-jitsu es una actividad oriental milenaria para la defensa, cuya traducción exacta es arte suave. Otro músico del estilo Chicago, Eddie Condon, fue más bien humorístico, él decía: “Nosotros no bajamos de tono nuestras quintas, nos las bebemos”.  La quinta como término musical y como medida equivalente a 0.757 litros. O sea la medida de un poco de whisky.

Aunque la actitud de los músicos y del bebop es quizá anárquica y radical, la mayor parte del repertorio se basaba en la música anterior al swing. Lo que hacían los músicos era tomar una pieza pop y transformarla, complicándola y liberándola. Por ejemplo Antrhopology,  esta basada en I Got Rhythm, Bird Of Paradise en All The Things You Are. Así otras tantas: Marmaduke en Honeysuckle Rose, Ornithology en How High The Moon, Donna Lee en Indiana, Hot House en What Is This Thing Called Love?, Groovin’ High en Whispering, Bird Gets The Worm en Lover Come Back To Me.

Finalmente esta era una música para escuchar, las pistas de baile fueron inundadas por las mesas y las sillas, no solamente se trataba de tocar con ritmo sino de expandir las posibilidades armónicas y melódicas del jazz. Es este estilo, quizá, el primer jazz de protesta. Es por eso que solamente tuvo una década de vida. Las estructuras a veces ingenuamente sobrecargadas y la dificultad para comercializar esta música acabaron con ella a finales de los cincuenta. Su influencia se sentiría en todo el jazz de allí en adelante.



[1] E. Berendt, Joachim, El Jazz. De Nueva Orleans a los años ochenta. Fondo de Cultura Económica, México, 1998. Pag. 43
[2] Carr, Roy. Un siglo de Jazz. La historia, las gentes y el estilo del jazz. Blume, Barcelona, 1998. Pag. 60

Texto publicado en la revista La Tempestad No. 34. 

viernes, diciembre 03, 2010

Una víctima más de Stalin.

Daniil Ivanovich Yuvachev, mejor conocido como Daniil Kharms o Danil Jarms o DanDan o Daniil Khorms o Daniil Charms o Daniil Shardam o Kharms-Shardam era hijo de un filósofo religioso revolucionario que enfrentó al zar Alejandro III muy a principios del siglo XX. Con semejante herencia no sería extraño que Danill desconfiara del gobierno comunista ruso que dirigía el asesino de masas llamado Joseph Stalin. Pero Kharms no fue exclusivamente perseguido por un sistema depredador, sino que simplemente fue una víctima más que no supo huir a tiempo. Pero, ¿por qué alguien tendría que huir de su propio gobierno, no? Primero fue deportado a la ciudad de Kursk por un año acusado de pervertir a los niños con sus escritos modernos, vanguardistas y supuestamente antisoviéticos. Daniil no aprendió y siguió publicando sus textos absurdos y llenos de humor corrosivo, negro y muy irónico. Esto no fue del agrado de la censura Social Realista que imponía el stalinismo conservador con minuciosidad y dureza. Nuestro autor tuvo que refugiarse en la literatura para niños a pesar de que los odiaba (quiero decir que realmente odiaba a los niños) y vivir mal, siempre bajo la mirada bigbrotheriana del gobierno ruso stalinista. Finalmente no tardó en caer, así como lo hicieron 20 millones de personas durante el periodo asesino y violento de Stalin. En 1941 fue arrestado, se le acusó de traición y poco después murió en su celda, probablemente de hambre y locura. Nada fuera de lo común durante el lapso terrible de Koba. Aquí presento un pequeño cuento algo difícil de conseguir en español.




Defensa

               Danil Jarms

No quiero jactarme.  Pero cuando Volodia me pegó en la oreja y me escupió en los ojos,  le di una lección que jamás olvidará. Fue entonces cuando le pegué con la hornilla de gas; ayer le pegué con la plancha. Pero no se murió enseguida. ¿Y dónde están las pruebas de que ese día le amputé la pierna? Todavía estaba vivo. Y maté a Andriusha a golpes sólo porque me dejé arrastrar por el impulso. No soy en modo alguno responsable por eso. ¿Por qué se metieron allí Andriusha y Liza Antonovna? ¿Quién los obligó a trasponer ese umbral?
Me han acusado de ser sanguinario. Se ha dicho que bebí la sangre. Eso es mentira. Sólo lamí los charcos y las manchas.  Es natural que uno quiera borrar los rastros incluso de la trasgresión más inocente. Y no violé a Liza Antonovna.  En primer término,  ya ni siquiera era virgen.  En segundo término,  lo que tenía entre manos era un cadáver.  De modo que la acusación es desatinada.  ¿Y qué importa que estuviera a punto de dar a luz? Yo le saqué el chico de adentro. Y si no pudo sobrevivir, la culpa no es mía. Yo no le arranqué la cabeza. La culpa la tiene su pescuezo frágil. Sencillamente no era apto para vivir. Claro que pisoteé al perro. Pero es realmente cínico acusarme de asesinar a un perro, cuando allí mismo se habían perdido tres vidas humanas. No cuento al bebé.  Digamos,  y es posible que incluso yo lo admita,  que fui un poco cruel.  Pero juzgarme porque defequé sobre esas víctimas es, si me disculpan, absurdo. El defecar es una necesidad humana natural. ¿Cómo puede ser entonces indecente? Entiendo algunos temores de mi abogado defensor, pero creo que quedaré totalmente absuelto. 


Hacia un país de no mexicanos IV

“El pueblo mexicano es el más extravagante que puede haber… tiene todos los defectos de los españoles sin poseer ninguna de sus virtudes… es perezoso, ignorante, desmoralizado, vano, orgulloso, fanfarrón, fanático, grosero en su generalidad, rencoroso y capaz de sacrificar su porvenir por una personalidad”

martes, julio 13, 2010

El creador de la Real Doll

Un pequeño reportaje sobre el creador de la Real Doll, muñeca para el placer plástico de muchos hombres. Es interesante notar el amor que tiene por su trabajo, incluso considera que su creación ayuda a muchas personas a soportar la soledad.

viernes, junio 25, 2010

Textos publicados III

Las inglesas lo hacen mejor.
Joss Stone y Amy Winehouse

Hasta hace poco parecía que los rockstars se habían puesto de acuerdo para portarse bien. ¿Dónde estaban aquellos que destrozaban cuartos de hotel, tenían infinidad de groupies y se emborrachaban hasta el vómito? Ahora todos se declaran vegetarianos, abstemios y adictos al ommmm. Lo más que nos había regalado la industria de la música pop era la infantil vagina de Britney Spears.
Pero Amy Winehouse, una chica que ni siquiera canta rock, fue quien vino a satisfacer esa necesidad de observar como alguien se autodestruye con gracia mientras hace buena música.
La suerte de esta pequeña judía es similar a un péndulo. Por un lado la prensa del espectáculo se ha regodeado con el drama. Ella ha hecho declaraciones escandalosas sobre su propia salud: “Un poquito de anorexia, un poquito de bulimia. Creo que no estoy del todo bien, pero creo que ninguna mujer lo está”, y otras acerca de algunas estrellitas del pop como Madonna a quien le dijo “vieja señorita”. También mandó callar a Bono (¡por fin alguien lo hizo!), al más puro estilo del rey de España, en una rueda de prensa de los Q Awards y ha destruido cuartos de hotel, usado mucha droga y alcohol (Winehouse afirma, ya sea para molestar o no, que ella fuma unos 300 euros de marihuana a la semana) y con su cada vez más marcada inestabilidad emocional (la última muestra fue hace poco, cuando la fotografiaron en una fría madrugada londinense de diciembre portando sólo un brassier y un pantalón de mezclilla, murmurando incoherencias y vagando sin rumbo), la cantante ha sido la prueba viviente de la vida rápida.
Pero, por encima de su vida privada se encuentra la música que hace y canta. Su segundo disco nació de la necesidad de crear canciones sin demasiados acordes como el jazz pero que mantuvieran intensidad y energía de la música negra. Ahora que está de moda revisar el pasado, el disco Back in Black (Island Records Group, 2006) es un recorrido por la música negra de los sesentas y setentas, principalmente por el estilo Motown, pero siempre barnizado con una gruesa capa de tristeza. Se puede encontrar desde un gospel como “Rehab” hasta piezas soul que derraman depresión como son “Tears dry on their own” y “You know I’m no good”. Su voz tiene reminiscencias de Nina Simone, Bessie Smith y la Aretha Franklin más blues. También podemos encontrar a Billie Holiday, en especial por saber transmitir sus vivencias personales a su música.
Y es que las letras también tienen su importancia. El disco entero fue escrito por la cantante justo cuando rompió por una temporada con su actual esposo. En ellas se pueden encontrar escenas de drama amoroso desde el engaño hasta el desmoronamiento emocional. La pregunta es: ¿por qué alguien que es la imagen de todo aquello rechazado por la sociedad ha vendido más de 900 mil discos en poco más de un año? Su música no se parece a lo que domina el mercado actual; ni hip hop, ni reggaeton, ni siquiera es ese rock mal llamado indie. ¿Entonces, por qué es tan escuchada no únicamente por quienes aman la música? La respuesta creo que la tienen las letras, en especial aquellas que hablan del desamor, a final de cuentas todos sabemos que el amor es un perro del infierno.
Todo lo contrario es el caso de Joss Stone. Esta es la chica limpia que vende la imagen de que recientemente ha descubierto su sexualidad y sensualidad. Físicamente mucho más agraciada que la feita de Amy Winehouse, Joss Stone ha decidido encuerarse para su tercer disco y acercarse a la realeza del hip hop y R&B estadounidense. Introducing Joss Stone (Virgin Records, 2007) trae todo tipo de piezas R&B desde algunas muy similares a lo que hacían The Supremes como es “Girl, they won’t believe it”, hasta piezas con bajos profundos y arreglos de cuerda al estilo Marvin Gaye. Influenciada por la misma música Motown, Joss Stone no se queda viendo el pasado como Winehouse, sino que anclada en la tradición reelabora el mismo estilo con rapeos de Common y Lauryn Hill y un sonido pop similar a otras cantantes mainstream. La diferencia no únicamente es su increíble voz muy madura para la edad que tiene, sino la actitud ante la música. Stone habla del amor, pero aquel que sí es correspondido y si no sucede así, la mujer sin miramientos abandona al hombre. Aparte, la música exuda baile y diversión, el disco de Winehouse se escucha sentado frente a una botella, el de Stone frente a una chica bailando lo más pegado posible, de preferencia.
Al final los dos discos son la expresión renovada y llena de confianza del nuevo soul, ese que rescata la música negra y la reinterpreta por cantantes que no vivieron la ebullición del soul en los sesentas y que ni siquiera pertenecen al país en donde nació. Pero como casi siempre en la historia de la música pop contemporánea: los ingleses saben hacerlo mejor.

Publicado en la revista Replicante No. 14, Febrero-Abril, 2008

lunes, mayo 24, 2010

For the Fallen / A los caídos

Este es un poema que escribió Laurence Binyon, un autor menor inglés, cuando comenzaba la Primera Guerra Mundial. Quizá su obra más conocida ahora se lee cada 25 de abril para conmemorar la batalla de Gallipoli donde murieron 20.000 soldados australianos y  4.546 neozelandeses. Pongo la versión en inglés y una traducción tomada del libro de Martin Amis Koba el temible.
They shall grow not old, as we that are left grow old;
Age shall not weary them, nor the years condemn.
At the going down of the sun and in the morning
We will remember them.

They mingle not with laughing comrades again;
They sit no more at familiar tables of home;
They have no lot in our labour of the day-time;
They sleep beyond England's foam.

But where our desires are and our hopes profound,
Felt as a well-spring that is hidden from sight,
To the innermost heart of their own land they are known
As the stars are known to the Night;

As the stars that shall be bright when we are dust,
Moving in marches upon the heavenly plain,
As the stars that are starry in the time of our darkness,
To the end, to the end, they remain.

No envejecerán, como nosotros los que quedamos:
no les pesará la edad ni les condenarán los años.
Al ponerse el sol y por la mañana
nos acordaremos de ellos.

Ya no estarán rodeados de los alegres compañeros;
ya no se sentarán a las mesas de los suyos;
ya no tendrán parte en nuestros afanes diurnos;
duermen lejos de las costas de Inglaterra.

Pero si nuestros deseos y esperanzas profundos
son como un manantial oculto a las miradas,
el secreto corazón de su tierra los conoce
como la Noche conoce a las estrellas.

Como estrellas que seguirán brillando cuando seamos polvo,
avanzando por la llanura celestial;
como estrellas que alumbran nuestros períodos de tinieblas,
permanecerán, permanecerán hasta el final.

domingo, abril 04, 2010

Para entender lo que se siente vivir en una ciudad norteña

El problema es que no puedes sentirte excluido. No basta con suponer que la propia conducta podrá ponerte a resguardo de cualquier peligro. Ya no vale decirse: "Se matan entre ellos". Durante un conflicto de la Camorra, todo lo que ha sido construido con constancia es puesto en peligro, una cerca de arena derribada por una ola de resaca. Las personas intentan pasar con sigilo, reducir al mínimo su presencia en el mundo. Poco maquillaje, colores anónimos, pero no sólo eso. El que tiene asma y no puede correr se encierra con llave en casa, pero poniendo una excusa, inventándose un motivo, porque revelar que se queda encerrado en casa podría resultar una declaración de culpabilidad: de no se sabe qué culpa, pero en cualquier caso una confesión de miedo. Las mujeres dejan de ponerse zapatos de tacón, inapropiados para correr. A una guerra no declarada oficialmente, no reconocida por los gobiernos y no relatada por los reporteros, corresponde un miedo no declarado, un miedo que se mete debajo de la piel.
Te sientes inflado como después de una comilona o de un trago de vino de la peor calidad. Un miedo que no estalla en los anuncios de las calles o en los diarios. No hay invasiones o cielos cubiertos de aviones, es una guerra que sientes por dentro. Casi como una fobia. No sabes si manifestar el miedo o esconderlo. No acabas de ver claro si estás exagerando o infravalorando. No hay sirenas de alarma, pero llegan informaciones de lo más divergentes. Dicen que la guerra es entre bandas, que se matan entre ellos. Pero nadie sabe dónde se encuentra la frontera entre lo que es suyo y lo que no lo es. Los vehículos de los carabineros, los puestos de control de la policía y los helicópteros que empiezan a sobrevolar a todas horas no tranquilizan, casi parecen acotar el terreno. Quitan espacio. No calman. Circunscriben y hacen el espacio mortal de la lucha todavía más angosto. Y te sientes atrapado, hombro contra hombro, y el calor del otro te resulta insoportable.

Roberto Saviano
Gomorra

martes, febrero 09, 2010

Polvo rojo en Torreón.


Ahora presentó mi libro en Torreón. Esta presentación se fue posponiendo pero no podía pasar más tiempo sin que sucediera. Aquí, de donde son estos cuentos, espero tener una gran afluencia (siempre y cuando no haya balacera este próximo fin de semana). Dejo la invitación, para quienes no quieren descifrarla explico que será el martes 16 de febrero a las ocho de la noche en la librería Gandhi. Presentan Jaime Muñoz y Carlos Velázquez.

miércoles, enero 27, 2010

Polvo rojo en el DF


Aquí el texto que aparece en la cuarta de forros de mi libro de cuentos. Además dejo los datos de la presentación.


Polvo rojo es un libro de exorcismo, de liberación homeopática, en el que el fuego se cura con fuego. Daniel Herrera, cuentista de los bajos fondos de una ciudad al norte del país, levanta de las sombras todo tipo de demonios y, cual si se tratara de una lotería de personajes insólitos, pero más que presentes en la cotidianeidad de la nota roja, invoca sus peores historias para, de esta manera, revocar sus mandatos. Sin falsa moral y con un lenguaje explícito, el autor se adentra en esos lugares casi impenetrables de la inconsciencia humana, sitios violentos en los que el pedófilo, el golpeador, el pandillero, el asesino, el violador, el teporocho y otros freaks de diversa calaña, encuentran el goce o el infierno, la acre realidad de un mundo en plena descomposición, el olor a podredumbre que alcanza, incluso, a cualquier posible cielo.
Publicado por la editorial Ficticia, Polvo rojo fue ganador del concurso Financiarte Laguna 2009. El jurado estuvo integrado por Jorge Esquinca, Luis Armenta y Felipe Ponce.

Presentan Bernardo Fernández, Bef; Jorge Flores-Oliver, Blumpi; Márquez Tizano y el autor.
Martes 2 de febrero, a las 19:00 horas en:
Centro de Lectura Condesa
Nuevo León 91, colonia Condesa, México, DF, CP 06140
Teléfonos: 5553 5268 y 5553 5269

domingo, enero 10, 2010

Textos publicados II

Rogelio Villarreal por Rogelio Villarreal
El padre desde el hijo



Lo interesante en el periodismo es entrevistar a alguien, conocer sus puntos de vista, entender su mundo, hacerlo propio. Lo interesante es preparar las preguntas y estar atento, escuchar entre líneas, buscar la respuesta que deja algo roto, incomprendido, incompleto. Lo interesante es conseguir toda la información, preguntar lo mismo de diferentes formas, insistir, con gracia o sin ella, no quedarse con la primera respuesta. Lo interesante es conseguir lo que se estaba buscando desde el principio o cambiar el propio punto de vista por completo. Transformarse, reconstruirse, reestructurarse. El periodista —el pensante, no aquel que nomás hace sus notas de los boletines— tiene todas estas ventajas. Preguntar enciende el pensamiento.
Pero más interesante aún es escribir el reportaje. Enfrentar la memoria y la oralidad contra las palabras escritas. Transmitir las emociones, los gestos, las expresiones. No es fácil, en especial cuando se tiene el tiempo encima, cuando todo se hace sobre las piernas porque los editores no esperan. Corriendo, teniendo la sensación de que se pudo trabajar mejor, de que los periodistas queremos ser escritores y dejar de nomás redactar.
En el camino a veces se encuentra algo, la mayoría de las veces leer lo escrito días después es como traer una piedra en el estómago.
Así, para corregir estos errores, habrá que pensar en el trabajo del editor, y no hablo nada más del editor de periódicos, sino también del editor de libros. Tan odiado y necesitado, últimamente olvidado, desvanecido, disminuido. Confundido con el corrector y mal pagado, el editor es un oficio que poco a poco desaparece.
Perdido entre los correctores automáticos de los procesadores de texto, un buen editor trabaja con las palabras al igual que el escritor, pero además tiene que ser todavía más culto y mejor lector que un escritor. El buen editor no tiene piedad. No debe compadecerse del escritor primerizo ni del consagrado. Si cualquiera de los dos no puede escribir adecuadamente una línea es imperdonable. El buen editor sabe que a ningún escritor le va a caer bien. De hecho será odiado. Su labor, que cuando bien hecha debe de agradecerse, es la de quien recibe los golpes. Pero también es de quien conoce las herramientas.
Algo muy similar cree Rogelio Villarreal Macías que pensaba su padre Rogelio Villarreal Huerta. Un editor debe tener “una vasta educación universitaria, humanista, técnica, y empapada de los entresijos del trabajo de imprenta. Son escasos los editores de hoy que conocen de talleres, papeles e imprentas, y más los que apenas saben de corrección de estilo y hasta de ortografía y sintaxis. Planeta, Mondadori, Alfaguara... entregan libros cada vez peor cuidados, por no hablar de la calidad editorial de la obra en sí”, explica.
El mismo Rogelio hijo piensa que en la actualidad el oficio está devaluado, llegando a grados extremadamente vergonzosos. “Tan fácil como ver las ediciones de los grupos transnacionales para darse cuenta de la (sic) impreparación y falta de criterios editoriales. El editor debe ser un profesional, un extraordinario lector, sensible, enterado.” Afirma desde la distancia digital. Lo imagino sentado frente a su computadora, en ese pequeño cuarto de su departamento en Guadalajara que funciona como estudio, repleto de libros y revistas.
Diez años de amistad fértil me unen a Villarreal Macías. No únicamente fue uno de los que me introdujeron al mundo editorial (el otro fue Jaime Muñoz) sino que también me presentó, para bien o para mal, a escritores pertenecientes a la vida literaria mexicana. Pero a su padre lo conocía desde antes.
Lo recuerdo casi siempre vestido de guayabera blanca, la cara casi transparente gracias al mal del pinto, con su sombrero también blanco y el bastón que lo ayudaba a caminar. Se le podía encontrar en todas las presentaciones de libros, como si tuviera que perseguir las letras a todos lados. Era muy querido por muchos, pero también rechazado por otros. Rogelio recuerda cuando su padre fue atacado por un escritor: “Hasta donde yo sé, es que este escritor estaba un poco molesto porque (mi padre) no (le) quería publicar un libro, también le hacía bromas como ésa que le decía que no era un escritor maldito, sino un maldito escritor. Estaban tomando en su casa, mi papa se descuidó, le dio la espalda y él le dio, no un cuchillazo mortal, sino una herida en el cuello”. Ésta, entre otras tantas anécdotas, hace coincidir a varios, entre ellos su propio hijo, que don Rogelio Villarreal era un personaje lagunero que merece más de un comentario publicado en alguna perdida revista cultural.

Pero ser editor no tiene el glamour de ser escritor. Un editor sabe que, comúnmente, no figurará entre los grandes nombres de la literatura. ¿Cómo se hace un editor? Rogelio explica que su padre salió de Torreón, precisamente por la falta de trabajo. En la Ciudad de México trabajó y enseñó a sus hijos a corregir pruebas tipográficas y a editar. Recuerda que los dieciocho años su padre le consiguió su primer trabajo serio como corrector en el Fondo de Cultura Económica.
Mientras el hijo comenzaba su carrera editorial, don Rogelio publicó una interesante cantidad de grandes autores mexicanos: “Germán List Arzubide, Heberto Castillo, quien era, en esa época, perseguido por la policía priista, a Emilio Uranga, a Adela Palacios y otros más. Mi papá se reunía con ellos para discutir... [para] la borrachera y acordar la edición de sus libros. Me gustaba mucho estar ahí, verlos y platicar con ellos”.
Años después Rogelio Villarreal Huerta regresará a Torreón para llevar una vida más tranquila y hacer lo que todos queremos: escribir.
Rogelio: “Decía que quería escribir, y dejó muchísimos papelitos, notas sueltas, pero al parecer nunca lo hizo. Todo era material para publicar un volumen de cuentos, una novela sobre el 68, pero no lo hizo...”, en lugar de eso comenzó a tomar y a trabajar, una vez más, como editor.
Aquí aparecen las dos actividades que contaminarán la vida de nuestro editor: el alcohol y editar en Torreón. A la pregunta: ¿Alguna vez te contó lo que era ser editor en La Laguna?, Rogelio afirma que no le preguntaba mucho a su padre acerca del oficio en Torreón, alguna vez le comentó sobre lo difícil que era trabajar con “autores necios, latosos, incultos, provincianos en el peor sentido de la palabra”. Los autores que valían la pena eran pocos, la mayoría de los libros encargados solucionaban el problema de la vida doméstica pero no el problema de la literatura en Torreón: mucha palabrería, poca sustancia.
Esta es la visión del hijo y aquí se ha tratado de reconstruir al padre desde su mirada. Rogelio afirma que, aunque muy pocos de esos libros valían la pena, “no te puedo decir mucho, no hablaba de su trabajo en Torreón y yo no le pregunté. Le gustaba ir a eventos culturales, a sus fiestas, a sus borracheras, seguía siendo un hombre culto, interesante. Pero su trabajo editorial ya venía a menos, incluso desde el D.F. Al final la publicación se volvió un mal negocio para él”.
El alcohol como un ente fantasmal en la vida de don Rogelio va a ser lo que no le permita terminar su propia obra. Rogelio no se avergüenza de su padre, pero sí siente cierta pena porque sabe que un hombre tan entregado al conocimiento y a la literatura no pudo completar sus últimos propósitos.
Después de la entrevista y ya con días de por medio me di cuenta de que la figura de Rogelio Villarreal Huerta es una y muchas al mismo tiempo. Pero hay un par de características generales: era un duro crítico pero siempre dispuesto a ayudar a cualquiera que se acercara a la literatura, y por otro lado el alcohol fue su compañero pero también terminó hundiéndolo.
La relación entre Rogelio Villarreal y su padre ha adquirido un significado diferente. Ya sabía del gran amor y admiración que profesaba hacia él, pero he notado que el amor filial es también crítico. Rogelio hijo critica a su padre por dejar a veces los trabajos inconclusos; también le molesta que estuviera tan ligado al alcohol que a veces le impedía trabajar correctamente e incluso lo puso en peligro más de una vez.
Lo interesante, en el reportaje, es encontrar puntos de vista diferentes. Este reportaje es insuficiente para entender la complejidad de uno de los pocos editores laguneros, tal vez unas palabras de su hijo nos ayuden a comprender mejor: “Fue un hombre sabio, inquieto, neurótico, con ganas de saber cada vez más. Reunió una biblioteca respetable, de varios miles de volúmenes. Sin embargo, el alcohol le restó energías y lucidez. Creo que se quedó con las ganas de publicar una buena novela, un volumen respetable de cuentos... Dejó cientos de papeles que leo de vez en vez, y de los cuales me gustaría hacer una selección para publicar, lo haré próximamente”.

Entrevista publicada en la revista Acequias 47 Primavera del 2009. Universidad Iberoamericana, Laguna