jueves, enero 31, 2008

Don´t (treinta reglas para usar libros)


Publicadas por un tal Harold Klett, de quien no encontré ninguna referencia, en 1909 en "The Library Journal", una revista gringa dirigida a libreros fundada en 1876. Dentro de estas treinta prohibiciones existen algunas ya caducas, especialmente las relacionadas con la encuadernación, pero otras me parecen de buen gusto y aplicables a la actualidad... hasta que el internet convierta al libro en objeto raro.

1.- No leer en la cama.
2.- No poner notas marginales, a menos que sea un Coleridge.
3.- No doblar las puntas de las hojas.
4.- No cortar con negligencia los libros nuevos.
5.- No garabatear vuestro interesante y precioso autógrafo en las páginas del título.
6.- No poner en un volumen de un peso, una encuadernación de cien pesos.
7.- No mojar la punta de los dedos para dar más fácilmente la vuelta a las hojas.
8.- No leer comiendo.
9.- No fiar los libros preciosos a malos encuadernadores.
10.- No dejar caer sobre el libro las cenizas del cigarro, y aún mejor no fumar leyendo. Esto perjudica la vista.
11.- No arrancar de los libros los grabados antiguos.
12.- No colocar vuestros libros sobre el borde exterior o canal, como se hace frecuentemente cuando se lee y se interrumpe momentáneamente la lectura, en vez de tomarse el trabajo de cerrar el libro después de haber puesto una señal.
13.- No hacer secar hojas de plantas dentro de los libros.
14.- No tener los estantes de las bibliotecas encima de los picos del gas.
15.- No sostener los libros sujetándolos por las tapas.
16.- No estornudar sobre las páginas.
17.- No arrancar las hojas de guarda de las tapas.
18.- No comprar libros sin valor.
19.- No limpiar los libros con trapos sucios.
20.- No tener los libros encerrados en arquillas, escritorios, cómodas, ni armarios: tienen necesidad de aire.
21.- No encuadernar juntos dos libros diferentes.
22.- En ningún caso sacar las láminas y los mapas de los libros.
23.- No cortar los libros con horquillas para el cabello.
24.- No hacer encuadernaciones de los libros en cuero de Rusia.
25.- No emplear los libros para asegurar las sillas o mesas cojas.
26.- No arrojar los libros a los gatos, ni contra los niños.
27.- No romper los libros abriéndolos enteramente y por la fuerza.
28.- No leer los libros encuadernados muy cerca del fuego o de la chimenea, ni en la hamaca, ni embarcado.
29.- No dejar que los libros tomen humedad.
30.- No olvidar estos consejos.

Estoy de acuerdo con casi todas, pero la que más me gusta es la número 24. Es que hacer eso es de pésimo gusto.

viernes, enero 11, 2008

Érica García - Positiva

Una canción que sirve para saber que también existe el optimismo.
Pero creo que eso nomás se da en Argentina.

sábado, enero 05, 2008

Whiskey In The Jar y el ocio


Siempre he pensado que el ocio es algo bueno. Por ejemplo, en un momento de ocio acabo de bajar la canción "Whiskey in the Jar" (primero la versión de Thin Lizzy y luego la de Metallica) y preguntándome si los irlandeses fueron los que escribieron esta canción decidí hacer un poco de investigación.
Resulta que es una vieja canción irlandesa (circa 1700). Cuenta la historia de un ladrón, aunque la palabra forajido es la más exacta, irlandés que después de robar y matar a un corrupto oficial inglés es traicionado por su amante o mujer y entregado a la justicia. Esa canción también la han tocado desde grupos tradicionales irlandeses (The Dubliners, The Pogues, The Highwaymen, The Clancy Brothers, The Irish Rovers)hasta rockeros como los dos grupos ya mencionados y U2, Pulp, Belle & Sebastian y Jerry Garcia en una buena versión bluegrass.
Para mi el ocio produce este tipo de información. Pero hace poco conocí el verdadero ocio representado por varias madres que llevan a sus niños a la misma guardería de mi hija. Esas mujeres, que tienen cuerpos espectaculares y enormes camionetas, son la versión del ocio inútil. Su vida transcurre entre tomar el café con sus amigas y verse bonitas para la foto social. Ni siquiera dedican su tiempo a sus hijos, para eso tienen sirvientas que se ocupan de tan desagradables taréas. Ellas (las madres, no las sirvientas) han sido para mí todo un descubrimiento.