viernes, junio 25, 2010

Textos publicados III

Las inglesas lo hacen mejor.
Joss Stone y Amy Winehouse

Hasta hace poco parecía que los rockstars se habían puesto de acuerdo para portarse bien. ¿Dónde estaban aquellos que destrozaban cuartos de hotel, tenían infinidad de groupies y se emborrachaban hasta el vómito? Ahora todos se declaran vegetarianos, abstemios y adictos al ommmm. Lo más que nos había regalado la industria de la música pop era la infantil vagina de Britney Spears.
Pero Amy Winehouse, una chica que ni siquiera canta rock, fue quien vino a satisfacer esa necesidad de observar como alguien se autodestruye con gracia mientras hace buena música.
La suerte de esta pequeña judía es similar a un péndulo. Por un lado la prensa del espectáculo se ha regodeado con el drama. Ella ha hecho declaraciones escandalosas sobre su propia salud: “Un poquito de anorexia, un poquito de bulimia. Creo que no estoy del todo bien, pero creo que ninguna mujer lo está”, y otras acerca de algunas estrellitas del pop como Madonna a quien le dijo “vieja señorita”. También mandó callar a Bono (¡por fin alguien lo hizo!), al más puro estilo del rey de España, en una rueda de prensa de los Q Awards y ha destruido cuartos de hotel, usado mucha droga y alcohol (Winehouse afirma, ya sea para molestar o no, que ella fuma unos 300 euros de marihuana a la semana) y con su cada vez más marcada inestabilidad emocional (la última muestra fue hace poco, cuando la fotografiaron en una fría madrugada londinense de diciembre portando sólo un brassier y un pantalón de mezclilla, murmurando incoherencias y vagando sin rumbo), la cantante ha sido la prueba viviente de la vida rápida.
Pero, por encima de su vida privada se encuentra la música que hace y canta. Su segundo disco nació de la necesidad de crear canciones sin demasiados acordes como el jazz pero que mantuvieran intensidad y energía de la música negra. Ahora que está de moda revisar el pasado, el disco Back in Black (Island Records Group, 2006) es un recorrido por la música negra de los sesentas y setentas, principalmente por el estilo Motown, pero siempre barnizado con una gruesa capa de tristeza. Se puede encontrar desde un gospel como “Rehab” hasta piezas soul que derraman depresión como son “Tears dry on their own” y “You know I’m no good”. Su voz tiene reminiscencias de Nina Simone, Bessie Smith y la Aretha Franklin más blues. También podemos encontrar a Billie Holiday, en especial por saber transmitir sus vivencias personales a su música.
Y es que las letras también tienen su importancia. El disco entero fue escrito por la cantante justo cuando rompió por una temporada con su actual esposo. En ellas se pueden encontrar escenas de drama amoroso desde el engaño hasta el desmoronamiento emocional. La pregunta es: ¿por qué alguien que es la imagen de todo aquello rechazado por la sociedad ha vendido más de 900 mil discos en poco más de un año? Su música no se parece a lo que domina el mercado actual; ni hip hop, ni reggaeton, ni siquiera es ese rock mal llamado indie. ¿Entonces, por qué es tan escuchada no únicamente por quienes aman la música? La respuesta creo que la tienen las letras, en especial aquellas que hablan del desamor, a final de cuentas todos sabemos que el amor es un perro del infierno.
Todo lo contrario es el caso de Joss Stone. Esta es la chica limpia que vende la imagen de que recientemente ha descubierto su sexualidad y sensualidad. Físicamente mucho más agraciada que la feita de Amy Winehouse, Joss Stone ha decidido encuerarse para su tercer disco y acercarse a la realeza del hip hop y R&B estadounidense. Introducing Joss Stone (Virgin Records, 2007) trae todo tipo de piezas R&B desde algunas muy similares a lo que hacían The Supremes como es “Girl, they won’t believe it”, hasta piezas con bajos profundos y arreglos de cuerda al estilo Marvin Gaye. Influenciada por la misma música Motown, Joss Stone no se queda viendo el pasado como Winehouse, sino que anclada en la tradición reelabora el mismo estilo con rapeos de Common y Lauryn Hill y un sonido pop similar a otras cantantes mainstream. La diferencia no únicamente es su increíble voz muy madura para la edad que tiene, sino la actitud ante la música. Stone habla del amor, pero aquel que sí es correspondido y si no sucede así, la mujer sin miramientos abandona al hombre. Aparte, la música exuda baile y diversión, el disco de Winehouse se escucha sentado frente a una botella, el de Stone frente a una chica bailando lo más pegado posible, de preferencia.
Al final los dos discos son la expresión renovada y llena de confianza del nuevo soul, ese que rescata la música negra y la reinterpreta por cantantes que no vivieron la ebullición del soul en los sesentas y que ni siquiera pertenecen al país en donde nació. Pero como casi siempre en la historia de la música pop contemporánea: los ingleses saben hacerlo mejor.

Publicado en la revista Replicante No. 14, Febrero-Abril, 2008