viernes, diciembre 03, 2010

Una víctima más de Stalin.

Daniil Ivanovich Yuvachev, mejor conocido como Daniil Kharms o Danil Jarms o DanDan o Daniil Khorms o Daniil Charms o Daniil Shardam o Kharms-Shardam era hijo de un filósofo religioso revolucionario que enfrentó al zar Alejandro III muy a principios del siglo XX. Con semejante herencia no sería extraño que Danill desconfiara del gobierno comunista ruso que dirigía el asesino de masas llamado Joseph Stalin. Pero Kharms no fue exclusivamente perseguido por un sistema depredador, sino que simplemente fue una víctima más que no supo huir a tiempo. Pero, ¿por qué alguien tendría que huir de su propio gobierno, no? Primero fue deportado a la ciudad de Kursk por un año acusado de pervertir a los niños con sus escritos modernos, vanguardistas y supuestamente antisoviéticos. Daniil no aprendió y siguió publicando sus textos absurdos y llenos de humor corrosivo, negro y muy irónico. Esto no fue del agrado de la censura Social Realista que imponía el stalinismo conservador con minuciosidad y dureza. Nuestro autor tuvo que refugiarse en la literatura para niños a pesar de que los odiaba (quiero decir que realmente odiaba a los niños) y vivir mal, siempre bajo la mirada bigbrotheriana del gobierno ruso stalinista. Finalmente no tardó en caer, así como lo hicieron 20 millones de personas durante el periodo asesino y violento de Stalin. En 1941 fue arrestado, se le acusó de traición y poco después murió en su celda, probablemente de hambre y locura. Nada fuera de lo común durante el lapso terrible de Koba. Aquí presento un pequeño cuento algo difícil de conseguir en español.




Defensa

               Danil Jarms

No quiero jactarme.  Pero cuando Volodia me pegó en la oreja y me escupió en los ojos,  le di una lección que jamás olvidará. Fue entonces cuando le pegué con la hornilla de gas; ayer le pegué con la plancha. Pero no se murió enseguida. ¿Y dónde están las pruebas de que ese día le amputé la pierna? Todavía estaba vivo. Y maté a Andriusha a golpes sólo porque me dejé arrastrar por el impulso. No soy en modo alguno responsable por eso. ¿Por qué se metieron allí Andriusha y Liza Antonovna? ¿Quién los obligó a trasponer ese umbral?
Me han acusado de ser sanguinario. Se ha dicho que bebí la sangre. Eso es mentira. Sólo lamí los charcos y las manchas.  Es natural que uno quiera borrar los rastros incluso de la trasgresión más inocente. Y no violé a Liza Antonovna.  En primer término,  ya ni siquiera era virgen.  En segundo término,  lo que tenía entre manos era un cadáver.  De modo que la acusación es desatinada.  ¿Y qué importa que estuviera a punto de dar a luz? Yo le saqué el chico de adentro. Y si no pudo sobrevivir, la culpa no es mía. Yo no le arranqué la cabeza. La culpa la tiene su pescuezo frágil. Sencillamente no era apto para vivir. Claro que pisoteé al perro. Pero es realmente cínico acusarme de asesinar a un perro, cuando allí mismo se habían perdido tres vidas humanas. No cuento al bebé.  Digamos,  y es posible que incluso yo lo admita,  que fui un poco cruel.  Pero juzgarme porque defequé sobre esas víctimas es, si me disculpan, absurdo. El defecar es una necesidad humana natural. ¿Cómo puede ser entonces indecente? Entiendo algunos temores de mi abogado defensor, pero creo que quedaré totalmente absuelto. 


1 comentario:

TeReSa dijo...

Me gustó.

Saludos!