miércoles, septiembre 16, 2009

viernes, julio 24, 2009

El primer gran héroe de acción.

El Santo y su conversión en fenómeno de masas

Para entender el fenómeno de masas que representa El Santo tal vez podríamos partir del final. El 6 de febrero de 1984 el Alarma! anunciaba con un encabezado lleno de pesar y ocurrencia: “Se nos fue El Santo al cielo”. Debajo seguía una explicación todavía más bella: “San Pedro le aplicó sus llaves (ahora) luchará contra el mal en el más allá".
Era el fin de una etapa heroica, el fin del gran héroe de acción de masas mexicano. Quien murió con la máscara y las botas puestas mientras salvaba al “Pelón” Solares de las garras de unos locos maniáticos en el foro del teatro Blanquita.
Su sepelio fue masivo, miles de personas se presentaron en Mausoleos del Ángel para despedir, ovacionar y recordarlo con el grito que lo elevó al rango de inmaculado héroe nacional: ¡Santo, Santo, Santo!
Dos años antes se había retirado del cuadrilátero, en una monumental función el domingo cinco de septiembre de 1982 compartiendo cartel con El Huracán Ramírez, El Gran Hamada, Leopardo Negro, el Charro de Jalisco y Rocambole. También fue el año de su última película, La furia de los karatecas. Los karatecas fueron un grupo más de enemigos que el Santo enfrentó por 20 años y 56 películas: marcianos, sacerdotisas vudús, zombies, hombres lobo, vampiros, fantasmas, médicos asesinos, científicos locos y una larga lista de malvados enemigos que atacarían al héroe enmascarado de la forma más vil y repugnante.
La vida de Rodolfo Guzmán Huerta, el hombre que después elegiría el nombre de El Santo es fácil de encontrar en la red. Desde su nacimiento en 1917, en Tulancingo, México, pasando por su niñez, donde él y sus hermanos se dedican a diferentes deportes hasta la decisión de ser un luchador profesional como medio de subsistencia. Sus primeras luchas en compañía de su hermano y nombrándose Rudy Guzmán. Su inicios sin suerte hasta el uso de la máscara plateada y el cambio de nombre a El Santo. Su conversión de rudo a técnico, su gran victoria contra Black Shadow y la elevación de un simple luchador a ídolo del pancracio.
Este éxito podría quedarse en el ámbito de la lucha libre sino fuera porque a principios de los cuarenta, el dibujante José G. Cruz comienza la serie “Santo, el Enmascarado de Plata” y el luchador se adentra en las movedizas tierras de la cultura de masas.
El siguiente paso, por lógica social y económica del momento histórico era el cine. En 1958, a los 41 años, Santo filma su primera película en Cuba, a unos días de la revolución cubana. En adelante, casi todos los años, el luchador convertido en actor participa en diferentes películas como protagonista o impulsando la carrera cinematográfica de otros luchadores. 53 películas de bajo presupuesto, influenciadas por el cine de serie B estadounidense y creadas para un público poco exigente que se divertía con las escenas más extravagantes del cine nacional.
Antes de continuar habrá que hacer algunas observaciones. El cine de luchadores mexicano tiene una identidad propia. No es adaptable ni tampoco se puede elevar a un rango intelectual. El ritmo, el estilo, la iluminación, la ambientación, el sonido, el concepto en general no se encuentran en ningún otro país, tal vez es tan malo y defectuoso que es imposible imitar. Tampoco se puede elevar analizar desde la intelectualidad porque es un cine sin pretensiones artísticas, su intención es entretener y divertir. Es por eso que Monsivais y sus acólitos se equivocan, esto no es arte. Su finalidad es ganar dinero, pero la maquinaria de comercialización apenas se encontraba en pañales. Daba sus primeros pasos hacia la venta en masa que existe en la actualidad. Esta inexperiencia permitió las creaciones cinematográficas de su momento. Por otro lado muchas de estas películas estaban dirigidas a los niños. Ese público, fascinado por las naves de cartón, las máscaras de plástico, las computadoras falsas, únicamente necesitaba un dulce cinematográfico de fantasía y acción, aunque este estuviera completamente fuera de la realidad. Además, contaban con el extra de que el fin de semana podían ver a sus héroes en vivo.
Finalmente es una creación que comenzó como copia del cine barato Hollywoodense, para terminar en un estilo propio que alcanzó otros países. Comenzando por Sudamérica, el cine de luchadores logró espacios en Europa, Asia e incluso Turquía. De hecho, existe una película turca de 1973 en donde El Santo, interpretado por un popular actor turco, y el Capitán América se enfrentan a un malévolo Hombre Araña.
El icono Santo logró su predominancia gracias a adaptarse inteligentemente a su momento histórico. Su personaje era bondadoso; incorruptible; dispuesto a arriesgar su vida sin dudarlo un segundo; inteligente; más que católico, guadalupano; fuerte; galán, aunque con defectos, por ejemplo en una de sus cintas beso a Irma Serrano “La Tigresa”; millonario pero humilde; caballeroso, cuando se enfrentaba a las mujeres vampiro, nunca las golpeó, para eso había vampiros masculinos. Poseía casi todas las virtudes, excepto tener mucha carisma al actuar, incluso su voz no era lo suficientemente expresiva así que el luchador movía la boca pero sabía que sería doblado, pronto ni siquiera se aprendía los parlamentos. Tal vez por eso hablaba poco y después de resolver el entuerto saltaba a su Jaguar descapotado y se alejaba a toda velocidad.
Auxiliado casi siempre por otros personajes como científicos, doctores, arqueólogos, hechiceros y policías, las batallas que siempre ganaba gracias a ellos, eran alternadas por dos o tres luchas en el cuadrilátero. Estas secuencias eran grabadas en vivo, con el público aullando por su héroe favorito.
Además todas las cintas tenían el atractivo femenino en poca ropa y en algunas ocasiones sin ropa, escenas extrañísimas censuradas en México pero proyectadas en Europa y Estados Unidos.
Aquí hemos intentado explicar las razones de, no únicamente porque El Santo es ídolo popular, sino también porqué es un personaje importante de la identidad nacional. Esto tiene que ver con el momento histórico del país, tanto lo económico que afectó a las clases sociales bajas; por ejemplo la dificultad para comprar una televisión y lo barato que era asistir al cine, o la identificación de los niños con el personaje marcando a más de una generación tanto los que vivieron el fenómeno hasta aquellos que vieron sus películas en la televisión años después.
Es un personaje que se mueve de arriba a abajo y viceversa. Aunque fue creado por diferentes productores, fueron las masas quienes lo adoptaron como ídolo. Es de esta forma que se puede entender el cine de El Santo, sin prejuicios de izquierda intelectual o derecha conservadora. Una creación en conjunto, un héroe para los atrasados países tercermundistas.

Referencias bibliográficas

Fernández Reyes Zamora, Álvaro A., Santo, El Enmascarado de Plata. Mito y realidad de un héroe mexicano moderno, Clmich-Conaculta, México, 2004.

sábado, marzo 07, 2009

Groucho y los libros.


Fuera del perro, el libro es el mejor amigo del hombre. Dentro del perro, quizá esté muy oscuro para leer


La televisión ha hecho maravillas por mi cultura. En cuanto alguien enciende la televisión, voy a la biblioteca y leo un buen libro.


Desde el momento en que tomé su libro me caí al suelo rodando de risa. Algún día espero leerlo.


Practically everybody in New York has half a mind to write a book, and does.

sábado, febrero 21, 2009

Hacia un país de no-mexicanos III

Algunos historiadores recientes proclaman que nuestra historia es un tejido de mentiras. Es su deber: sólo viven para rectificar a sus maestros o a sus antepasados. Pero no es nada más la historia: ¡nuestra vida diaria sería inexplicable sin la mentira que la alimenta, la hipocresía que la vela y la complicidad de todos los que no nos atrevemos a denunciar nuestra miseria y pequeñez! La mentira inunda la vida mexicana: ficción en nuestra política electoral; engaño en nuestra economía, que sólo produce billetes de banco; mentira en los sistemas educativos; farsa en el movimiento obrero (que todavía no ha logrado vivir sin la ayuda del Estado); mentira otra vez en la política agraria; mentira en las relaciones amorosas; mentira en el pensamiento y en el arte; mentira por todas partes y en todas las almas. Mienten nuestros reaccionarios tanto como nuestros revolucionarios; somos gesto y apariencia y nada, ni siquiera el arte, se enfreta a su verdad.

Octavio Paz
Fragmento de Emeequis no. 151 tomado a su vez de Novedades, 11 de octubre de 1943. Miscelánea I. Primeros Escritos (Tomo XIII de las Obras Completas)
Fondo de Cultura Económica.

lunes, febrero 02, 2009

Flight of the Conchords

Este es un grupo neozelandés que se nombran a sí mismos como: "Actualmente, el cuarto dúo más popular de guitarra digi bongo acapella rap funk cómico de Nueva Zelanda". El grupo utiliza ese humor serio que me desternilla combinado con diferentes géneros musicales. Han ganado varios premios y actuado en la BBC y HBO.
Este videito va para mis amigos y parientes que viven en Francia y para mis amigos afrancesados que viven en Torreón y quisieran vivir en París los pobrecitos.

martes, enero 06, 2009

Textos rechazados II

Este texto lo escribí cuando vivía en Guadalajara, en cierta forma extrañaba Torreón, aunque también me gustaba tapatilandia. De todas maneras tenía que quejarme de algo. Fue rechazado por Rogelio Villarreal, editor de la revista Replicate, porque sonaba demasiado amable con esta maldita tierra polvorienta.


En el exilio: tan lejos de Torreón
Daniel Herrera
Torreón es una ciudad fea. Por más que se intente no se le puede indicar a un turista cuáles lugares visitar sin que la aridez arquitectónica sobresalga alrededor. Existe un par de lugares interesantes: una casa en un cerro, que fue el hogar del ingeniero alemán Federico Wulff, quien planeó la ciudad y es ahora museo local. Cuando estaba trabajando en los planos del futuro Torreón, en 1887, hizo todas las medidas en pulgadas y los trabajadores creyeron que eran metros, de ahí la amplitud de las calles del centro. También hay varias casas que datan de la revolución, aunque la mayoría han sido destruidas sin que nadie pueda detener al progreso, ese hijo bastardo de la civilización. La cuestión es que la ciudad es fea, los edificios son nuevos y de mal gusto, las calles no tienen árboles y todo es cuadrado, gris. Pero debajo de toda esta fealdad hay algo. Es como una mujer fea pero simpática y de la que después de varias cervezas se piensa: “No, pues sí me la cojo”.
Ubicada al sur de Coahuila, a cuatro horas de Monterrey y a dos de Saltillo, Torreón es la ciudad que más dinero produce en el estado. Y tal como debe de ser, existe una seria rivalidad con la capital estatal. Apenas cien años lleva a cuestas y parece que tuviera el doble, no porque la ciudad muestre un gran legado histórico explícitamente, sino por lo decadente que puede parecer. Esos cien años extras son gracias a los malos gobiernos e ineptos políticos que ha sufrido los laguneros —y los mexicanos todos. La caída más reciente vino con Salinas. Los laguneros afirman que fue él quien decidió que Torreón se hundiera económicamente. La razón es simple: Salinas estaba de gira como candidato por La Laguna y ahí fue abucheado y agredido. El castigo no se hizo esperar: cuando el villano favorito del país subió al poder abrió la importación al barato algodón oriental. Desde entonces la recuperación ha sido lenta y tortuosa.
Aunque siempre fue una ciudad atacada por los políticos, desde la revolución los ha padecido: en 1923 los Tratados de Bucareli prohibieron a la región la posibilidad de fabricar maquinaria pesada. Ésta no ha sido la única complicación económica; la región ha pasado de vivir del vino a vivir del algodón y a vivir ahora de la industria lechera. Es una característica del lagunero, según afirma Sergio Antonio Corona Páez en su breve ensayo “Torreón: su historia, cultura y mentalidad”. El lagunero ha logrado superar las dificultades trabajando:
"La valiosa inercia cultural configurada por la secular mentalidad de amor al trabajo y de apertura al cambio han reorientado constantemente los esfuerzos de los torreonenses hacia la diversificación económica. Siempre alertas para discernir lo que resulta productivo de lo que no, siempre dispuestos a arriesgar invirtiendo, los torreonenses nos valoramos profundamente como personas y como agentes de modernidad."
Podría continuar hablando de esta historia pero es mejor consultar el libro del mismo autor: La Comarca Lagunera, constructo cultural. Economía y fe en la configuración de una mentalidad multicentenaria, (Universidad Iberoamericana Laguna. Torreón, 2006.), si desean entender mejor a Torreón.
Ha sido hasta ahora, que vivo en el exilio, cuando he empezado a apreciar mi tierra. No extraño el calor ni las dificultades para conseguir un empleo bien remunerado; lo que más extraño es a los amigos y esa habilidad para llevarse bien con cualquiera. Extraño las cantinas en casi cada esquina del centro y la pintoresca forma de ser de mis paisanos. A veces, y sólo a veces, extraño el calor, sobre todo cuando por las noches nos juntábamos a tomar una cerveza tras otra y a las tres de la madrugada todavía se sentían los 30 grados. Acá en Guadalajara toman Bacardí, se acuestan temprano y si alguien quiere charlar con un desconocido te miran como si estuvieras rompiendo alguna ley divina —por cierto, aquí he encontrado el catolicismo más repugnante.
La cerveza. ¿Para qué tantas cantinas? Para combatir el calor. Si te encuentras en la calle sudando bajo ese sol inmisericorde la solución más sencilla es entrar a una cantina y tomar una cerveza. Las mujeres no entran a las cantinas (salvo a algunas que cuentan con “reservados”), ésta es una de las pocas ciudades en las que ese espacio continúa siendo masculino. Existen cantinas para todos, desde las inmundas como El Otro Paraíso, en donde el olor espeso a orines se clava en la nariz, hasta otras como la ya muerta El Chavaclub, con baños razonablemente limpios, o La Terminal, donde se juntan los ancianos a contarse glorias pasadas. Hay muchas más, pero todas son más o menos lo mismo. La más antigua se llama La Gota de Uva, es la única con permiso para abrir después de las dos de la mañana. Una tontería más: los bares y las cantinas cierran a las dos de la mañana, a excepción de los tables —éstos pagan por tener más tiempo.
(Podría decirse que hasta antes de llegar a Guadalajara yo era un inocente ranchero. Las mujeres de los tables laguneros no pasan de quitarse la ropa y bailar un poco, pero acá los shows son mucho más fuertes, desde sexo lésbico hasta suertes con botellas. Lo que me parece extraño es el comportamiento del tapatío en un table. Lo toman como si fuera algo serio, nadie hace alharaca y nadie parece divertirse sino hasta que el alcohol comienza a actuar.)
El verano lagunero dura de seis a ocho meses. No es un calor pegajoso como el de Monterrey sino uno que te aplasta contra el suelo, un calor seco que chupa la sangre hasta que se toma una cerveza helada. Existen diferentes maneras en que el lagunero combate el calor; la primera es sentarse bajo un árbol y procurar moverse lo menos posible, como el calor es seco, a los pocos minutos el sudor desparece. Otra es entrar a donde sea que haya aire acondicionado: generalmente son las cantinas, los cafés o la Soriana. Desde que llegaron los malls cada vez más gente se encierra durante las peores horas a ver escaparates, porque el lagunero no compra hasta que está en oferta.
El clima no es un tema superficial, pues transforma y moldea a las personas. Cuando los chilangos están a 28 grados se quejan: “Hace un chingo de calor”. Cualquier norteño se ríe ante esa afirmación, pero siempre creemos que una lluvia jode el día por completo. El lagunero constantemente huye del sol, excepto cuando va a la playa. También aprende a caminar lento, lento porque si no el calor se mete por los poros y adonde quiera que vaya terminará empapado. Puede distinguirse a un visitante en Torreón por cómo camina bajo el sol: si va muy rápido, seguro es chilango.
La historia de la región se remonta a la fundación de Parras en el siglo XVII por españoles e indígenas tlaxcaltecas, que tuvieron que aliarse frente a la amenaza de los indios nómadas nativos. Se esforzaron y trabajaron juntos por el bien común, y es incorrecto pensar que fueron los extranjeros que arribaron a la región a finales del siglo XIX los que impusieron ese amor por el trabajo. Aunque no se puede negar que la llegada de éstos y del ferrocarril fueron decisivos en el impulso al rancho que pronto se convertiría en ciudad. Torreón es una ciudad de inmigrantes, por eso, como “Nos sabemos inmigrantes en una tierra de inmigrantes, [...] de ahí nuestra calidez y apertura con los que recién llegan”(Corona). Es común que los recién llegados se sientan bien recibidos y deseen quedarse. Por eso extraño la facilidad de hacer amistades.
¿Por qué vivo en otra ciudad si quiero tanto a Torreón? Muy sencillo: por el trabajo —hasta en eso me ha influenciado La Laguna. Aunque mi tierra es literaturizable, la literatura no da dinero en Torreón. Aquí, a pesar de todo, he ganado más de lo que había logrado en toda mi vida laboral en mi tierra. Pero mi vida literaria se encuentra en Torreón, desde la escritura hasta los amigos.
Hay varios escritores pero son pocos los que sobresalen. Y Jaime Muñoz Vargas es el mejor de todos. Es autor de varios libros, como El principio del terror y Juegos de amor y malquerencia, sendas obras que le han acarreado premios. Su prosa es elegante pero popular, dura como un boxeador pero certera como el pitcher que acierta los tres strikes seguidos. Sus libros son un testimonio de la cultura lagunera y serán reconocidos como parte de la historia literaria nacional. Otro autor conocido es Francisco Amparán, en quien no gastaré palabras. Gilberto Prado Galán es quizá el mejor ensayista lagunero. Radicado ahora en la Ciudad de México, ha explorado minuciosamente desde la obra de Borges hasta la literatura norteña. La influencia de Saúl Rosales Carrillo ha sido principalmente la de un maestro. Su congruencia literaria marcada por lo sociopolítico y la miseria en que vivimos los mexicanos lo colocan como un escritor realista de altos vuelos. Miguel Báez Durán es un escritor joven incisivo e irónico de quien se esperan publicaciones aparte de lo que ha escrito para diferentes revistas y libros colectivos.
Hace años tuve el honor de conocer a una de las leyendas torreonenses: el papá de nuestro editor (¡publícame, publícame, por favor!), don Rogelio Villarreal Huerta, quien pasó gran parte de su vida haciendo libros en esta tierra árida en todos los sentidos, incluyendo el literario. Publicó a muchos autores menores y mediocres, pero nunca tuvo problemas con darle oportunidad a quienquiera que quisiera dedicarse a la literatura.
Hasta aquí la literatura y Torreón. Quedan muchos asuntos por tocar: la pasión por el Santos y el futbol, las tolvaneras, la música cardenche, pero baste recordar que los laguneros somos chauvinistas y con una enorme estima propia. Ese orgullo procede de nuestro propio esfuerzo, el de los habitantes de una ciudad que se ha hecho a sí misma sin gozar de los beneficios de la capital del país y del estado. Quien consigue algo por sí mismo, sin ayudas o palancas, puede sentir lo mismo, es naturaleza humana.
Quizá lo mejor sea definir a Torreón con unos versos que, según nuestro editor, su papá compuso hace medio siglo:
Cerros blancos y pelones
Tajos llenos de cagada
Una bola de cabrones
Y un calor de la chingada.