martes, diciembre 20, 2011

Fante. Fante. Fante.

"¿Qué te pasa, Dostoievski? ¿Es que no te parece bien el Saturday Evening Post? Pues voy a decirte algo, Fiódor. He visto tus trabajos periodísticos de 1875 y, francamente, son chabacanos y comerciales, pero con ellos ganaste buenos rublos. Así que no nos escandelicemos por el cuento del Post. En tu época hiciste cosas peores..."

John Fante. La hermandad de la uva. 



martes, septiembre 06, 2011

Los vicios de las elecciones nacionales en 1830 según José María Luis Mora

"Nuestras elecciones desde sus primeros pasos han estado viciadas con notorias nulidades que han ido en progreso hasta hacerse muy notables, y llamar la atención del público de un modo que ya ha sido necesario reclamarlas. Por sentado que jamás se ha verificado en ellas el número de los votos ni el nombre y circunstancias de las personas que los emitían, y de aquí ha resultado que votasen muchos excluidos por la ley y que lo hiciesen no una sino muchas veces; así han aparecido mayorías que en la realidad no existían y han entrado a funcionar a virtud de estas maniobras muchos que con nada menos contaban que con la voluntad de los pueblos. Al principio se hacían estas cosas con algún disimulo; más poco a poco se fue perdiendo el respeto al público y a las leyes, hasta venir a parar en fraudes no disimulados y manifiestas usurpaciones.
Que estos excesos hayan dependido de las leyes mismas, es una cosa muy clara; ellas han prodigado el derecho de ciudadanía con una profusión escandalosa, haciéndolo descender contra lo que han enseñado la razón y la experiencia, hasta las clases más ínfimas de la sociedad; así a fuerza de consultar a lo que se llama libertad, se ha venido a colocar el derecho más precioso y delicado en personas que por su pobreza, ignorancia y falta de independencia, ni conocen ni saben apreciar su importancia, convirtiéndose con suma facilidad en instrumentos ciegos de los que pretenden seducirlos y tienen intereses en abusar de su candor."

Tomado de http://es.scribd.com/doc/9655337/Antologia-de-Jose-Maria-Luis-Mora

jueves, agosto 11, 2011

"Negro" según la Enciclopaedia Britannica de 1798

Homo pelli nigra, nombre dado a la variedad de la especie humana completamente negra, que se encuentra en la zona tórrida, especialmente en la parte de África (...) Se observan distintos matices en la tez de los negros, pero todos se diferencian de los otros hombres en los rasgos del rostro, mejillas redondas, pómulos altos, la frente ligeramente elevada, nariz corta, ancha y aplastada, labios gruesos, orejas pequeñas: la fealdad e irregularidad de la forma caracterizan su aspecto exterior. Las mujeres negras tienen  las caderas muy caídas y las nalgas muy gordas, cosa que les da la forma de silla. Los vicios más conocidos parecen ser el destino de esta raza infeliz: se dice que ocio, traición, venganza, crueldad, desvergüenza, robo, mentira, lenguaje obsceno, corrupción, mezquindad e intemperancia han hecho desaparecer los principios de la ley natural y han acallado los reproches de conciencia

Tomado del libro Historia de la sexualidad en México, José Luis Trueba Lara, Grijalbo, México 2008

domingo, junio 26, 2011

Chanates contra las paredes

Ahora que soy fan de Angry Birds voy por la calle con ganas de agarrar chanates y aventarlos contra los muros de la ciudad, tomar chileros (gorriones) y que al lanzarlos se partan en tres y veo, en todos los automovilistas, cerdos que quieren agarrarme por los huevos. Mi raquítica cantidad de amistades, que además ha dañado mi alcoholismo social, va a hacerme perder los estribos.

viernes, junio 24, 2011

Plática entre señoras que preparan las gorditas mientras escuchaban las noticias sobre Sicilia-Calderón

—Qué valiente señor, ¿no? Enfrentarse a Calderón.
—Ay, tía, pues todos, todos los que estuvieron ahí.
—Pero es que es el presidente.
—Pero, ¿Calderón quién es? Un simple presidente, nomás tiene tantito poder.
—Ya me gustaría que estuvieras.
—Pues nomás porque me faltan los recursos, pero yo también me le pondría enfrente.
—Ah, pos consígalos.
—Pos págueme más tía, ¿veda?

viernes, abril 08, 2011

Me di cuenta de que era chilango porque...

Directo desde Twitter, aquí va la serie que seguirá creciendo, por supuesto.

Me di cuenta de que era chilango cuando dijo "quesadillas de queso".


Me di cuenta de que era chilango cuando dijo "te pasas deveras, manito".


Me di cuenta de que era chilango cuando me dio una cerveza al tiempo.


Me di cuenta que era chilango cuando se comio un tamal dentro de un bolillo. (@dasalvar)


Me di cuenta de que era chilango cuando me dijo "acá el Bacachá es lo que está bien acá, así, chido".


@ Me di cuenta de que era chilango cuando quiso salir a cenar en martes a las dos de la madrugada y terminó en un Seven Eleven.


Me di cuenta de que era chilango (mamón) cuando me preguntó por el metro en mi rancho. Ash.


Me di cuenta de que era chilango (mamón y fresa) porque me dijo: "Y aquí no tienen una calle tipo Masaryk, ¿verdad?"


Me di cuenta de que era chilango porque pude ver su foto en el @

Me di cuenta de que era chilango porque cuando comenzó la balacera no sabía que hay que tirarse al piso.


Me di cuenta de que era chilango cuando me dijo que El Tri era una gran banda.


Me di cuenta de que era chilango cuando me dijo que pagaba de renta 10 000 pesos por un departamento de dos recámaras.


Me di cuenta de que era chilango porque su semana de trabajo termina el viernes a la una de la tarde.


Me di cuenta de que era chilango porque el pobrecito apenas me llegaba al pecho.


Me di cuenta de que era chilango porque cree que es normal estar todos los días cuatro horas enmedio del tráfico.


Me di cuenta de que era chilango porque cuando vio un burro se emocionó como si estuviera descubriendo América.


Me di cuenta de que era chilango porque se fue al Estadio Azteca al homenaje del papa polaco ese de mierda.


Me di cuenta de que era chilango cuando me dijo mientras caminábamos, "está a un par de cuadras" y en realidad eran más de 20.


@ Me di cuenta de que era chilango porque le gustaba esto:


Me di cuenta de que era chilango porque caminó rapidísimo bajo el sol norteño y a las dos cuadras estaba empapado.


Me di cuenta de que era chilango porque presumió que el PRD sí sirve. Juar juar juar juar.


Me di cuenta de que era chilango porque cree que la Torta Cubana es una delicia gourmet.


Me di cuenta q era chilango porq le preguntó a 1 norteña: "¿porq stás tan grandota y tan güerota?" (@Villarrealh)


@ Me di cuenta de que era chilango porque se cree intelectual nomás porque lee un libro al año.


Me di cuenta de que era chilango porque cree que su ciudad es la más importante del mundo, mucho más que Nueva York o Londres.


Me di cuenta de que era chilango porque odia a los gringos con todos su ser sin tener razones válidas.


Me di cuenta de que era chilango porque tembló y se quedó tan campante.


Me di cuenta de que era chilango porque tembló y en lugar de llamar a sus familiares se lamentó porque el metro dejó de funcionar.


Me di cuenta de que era chilango porque era hipster (nooooo, ya sé, muy malo, muy malo, disculpen, disculpen)



sábado, marzo 19, 2011

Pesadilla número tres de Stephen Vincent Benet

 Este poema llegó a mí de la manera más extraña. Cuando tenía, creo, quince años, estaba de visita en el DF. Me hospedaba en casa de mis primos maternos y ellos tenían una gran colección de comics, libros y discos. De hecho, tenían tanto que yo moría de envidia porque todo lo quería. Ahí leí número tras número a el Hombre Araña, Asterix y Obelix y Tin Tin. También ahí conocí aquel comic maravilloso llamado Gárgaras que era publicado en La Jornada. Ahí aparecían El Santo, la Tetona Mendoza, el Peyote Asesino y todos los demás que ya conocemos. Desde entonces quedé enamorado de los personajes de Jis y Trino. Incluso ahí, en esa caótica casa, conocí a Fantomas. La Amenaza Elegante. Mi hormonas pubertas se encendían con las voluptuosas ayudantes de aquel ladrón con clase y educación. En uno de aquellos números leí apenas unas líneas de este poema, desde entonces estuve buscándolo por todos lados. Hará unos cinco o seis años lo encontré en una edición espantosa de Editorial Novaro en una librería de viejo. Por fin lo tenía completo, eso se llama ser un ñoño obsesionado. Hace poco lo recordé y me puse a buscarlo en la red. En español nunca lo hallé pero en inglés fue muy sencillo. Hice una comparación y la traducción tiene varios errores, decidí corregirlo y de una vez colgarlo aquí. Los presento juntos, para aquellos que gustan de hacer comparaciones.


Pesadilla número tres
Stephen Vincent Benet
Esperábamos todo, excepto una rebelión
Y casi me sorprendí cuando comenzaron a pensar…
Pero eso ya no tiene importancia.
Escuché a tipos que decían
Han debido planearlo desde hace años, y quizá lo hicieron.
Al mirar hacia atrás, es posible descubrir pequeños incidentes aquí y allá,
Como la mezcladora de concreto de Jersey que se tragó al peón,
O la prensa rotativa que imprimió: “¡Viva la libertad!”
En una hoja a tres colores sobre el senador Sloop,
Precisamente mientras pronunciaba un discurso. Lo raro en ese caso
Era, ¿cómo pudo subir las escaleras? Pero estaba arriba,
Murmurando y lanzando chasquidos en la Cámara del Senado.
Tuvieron que derribar la pared para sacarla
Y el grupo de demolición declaró que sonreía.
Eran sólo las mejores
Máquinas, por supuesto, las máquinas superhumanas,
Las que habíamos construido para que fueran mejor que la carne y los huesos,
Pero los automóviles participaban también, por supuesto…
y nos perseguían
Como a conejos a través de las calles atestadas de ese Lunes Sangriento.
Los autobuses de Madison Avenue dirigían el asalto.
Los autobuses eran bastante terribles, pero no olvidaré
El ruido de cristales rotos, cuando el Duesenberg abandonó el salón de exposiciones
Y tomó a tres corredores de bolsa en las escaleras del Club Racket
Ni el prolongado resonar de los cláxones cuando veían a algún hombre corriendo
Cuando los veían buscando agujeros en el suelo firme…

Supongo que estaban cansados de llevar a la gente
De ser detenidos y puestos en marcha por pigmeos con fines idiotas
De recibir cenizas de cigarrillos baratos y barras de chocolate de mala calidad
De coleccionar monedas y ondular cabellos color platino
Y de dejar que seis millones de personas vivieran en una ciudad.
Creo que fue eso, que se cansaron de nosotros
Y del olor de las manos humanas.
Pero fue sorprendente
El tener que trepar dieciséis tramos de escalera hasta la oficina de Art Zuckow
(Nadie tomaba los ascensores dos veces)
Y encontrarlo estrangulado en un nido de cables de teléfono,
Como tentáculos de pulpos agitándose sobre su cabeza,
Y una especie de zumbido suave que llenaba la habitación…
¿Comerán?… Había rojo… Pero no me quedé a observar.
Todavía no sé cómo pude llegar hasta el tejado a tiempo.
Y todo está solitario aquí arriba, en el tejado.
Durante cierto tiempo. Pensé que
Aquel limpiador de ventanas iba a salvarse, para hacerme compañía.
Pero lo cazaron, con su propia polea, en el piso dieciséis.
Y lo hicieron entrar, de un tirón.
En realidad, cooperan entre ellos. Bueno, nosotros se lo enseñamos
Y es bastante justo, supongo. Verán, nosotros las construimos.
Les enseñamos a pensar por sí solas
Era algo que debía ocurrir. ¿Comprenden que tenía que pasar?
Y no sería tan malo en el campo. Odiaba pensar
En las segadoras, corriendo salvajemente por los campos de Kansas.
Y los aviones de transporte como halcones en un corral de pollos,
Pero los caballos podrían ayudar. Podríamos hacer un trato con ellos.
Al menos, se tenían más probabilidades de salvarse allí afuera
Además, nos necesitaban también.
Tienen que comprender que en cuanto se calmen.
Necesitarán gasolina y repuestos y ajustes y afinaciones.
¿Esclavos? Bueno, en cierto modo, saben,  ya éramos esclavos antes.
No habrá en verdad tanta diferencia; honestamente, no lo habrá
(Me agradaría no haber mirado al salón de belleza
Y no haber visto lo que ocurría allí.
Pero son máquinas femeninas y bastante nerviosas.)
Oh, ya nos pondremos de acuerdo. Lo arreglaremos. Llegaremos a un compromiso.
No tendría sentido acabar con toda la raza humana.
Porque, apuesto que si fuera hasta mi viejo Plymouth ahora
(Por supuesto, hay que hacerlo con tacto)
Y le dijera: “Escucha, ¿quién te compró el hermoso claxon francés?”
No me entregaría a esos automóviles de la policía;
Al menos, no creo que lo haría.
Oh, llegaremos a un acuerdo.
No será muy grande la diferencia, de veras, no lo será.
Voy a bajar dentro de un minuto, para ver qué me ocurre…
Soy un buen estadounidense y siempre los amé…
Excepto por un pequeño detalle que me molesta
Y es la proposición de los alimentos. Porque, vean,
La mezcladora de concreto pudo cometer un error
Y parece ser simplemente una broma pesada
Pero, si llega a gustarles el sabor…, pues…

Nightmare Number Three
Stephen Vincent Benet

We had expected everything but revolt
And I kind of wonder myself when they started thinking--
But there’s no dice in that now.
I’ve heard fellow say
They must have planned it for years and maybe they did.
Looking back, you can find little incidents here and there,
Like the concrete-mixer in Jersey eating the wop
Or the roto press that printed 'Fiddle-dee-dee!'
In a three-color process all over Senator Sloop,
Just as he was making a speech. The thing about that
Was, how could it walk upstairs? But it was upstairs,
Clicking and mumbling in the Senate Chamber.
They had to knock out the wall to take it away
And the wrecking-crew said it grinned.
It was only the best
Machines, of course, the superhuman machines,
The ones we’d built to be better than flesh and bone,
But the cars were in it, of course . . .
and they hunted us
Like rabbits through the cramped streets on that Bloody Monday,
The Madison Avenue busses leading the charge.
The busses were pretty bad--but I’ll not forget
The smash of glass when the Duesenberg left the show-room
And pinned three brokers to the Racquet Club steps
Or the long howl of the horns when they saw men run,
When they saw them looking for holes in the solid ground . . .

I guess they were tired of being ridden in
And stopped and started by pygmies for silly ends,
Of wrapping cheap cigarettes and bad chocolate bars
Collecting nickels and waving platinum hair
And letting six million people live in a town.
I guess it was tha, I guess they got tired of us
And the whole smell of human hands.
But it was a shock
To climb sixteen flights of stairs to Art Zuckow’s office
(Noboby took the elevators twice)
And find him strangled to death in a nest of telephones,
The octopus-tendrils waving over his head,
And a sort of quiet humming filling the air. . . .
Do they eat? . . . There was red . . . But I did not stop to look.
I don’t know yet how I got to the roof in time
And it’s lonely, here on the roof.
For a while, I thought
That window-cleaner would make it, and keep me company.
But they got him with his own hoist at the sixteenth floor
And dragged him in, with a squeal.
You see, they coöperate. Well, we taught them that
And it’s fair enough, I suppose. You see, we built them.
We taught them to think for themselves.
It was bound to come. You can see it was bound to come.
And it won’t be so bad, in the country. I hate to think
Of the reapers, running wild in the Kansas fields,
And the transport planes like hawks on a chickenyard,
But the horses might help. We might make a deal with the horses.
At least, you’ve more chance, out there.
And they need us, too.
They’re bound to realize that when they once calm down.
They’ll need oil and spare parts and adjustments and tuning up.
Slaves? Well, in a way, you know, we were slaves before.
There won’t be so much real difference--honest, there won’t.
(I wish I hadn’t looked into the beauty-parlor
And seen what was happening there.
But those are female machines and a bit high-strung.)
Oh, we’ll settle down. We’ll arrange it. We’ll compromise.
It won’t make sense to wipe out the whole human race.
Why, I bet if I went to my old Plymouth now
(Of course you’d have to do it the tactful way)
And said, 'Look here! Who got you the swell French horn?'
He wouldn’t turn me over to those police cars;
At least I don’t think he would.
Oh, it’s going to be jake.
There won’t be so much real difference--honest, there won’t--
And I’d go down in a minute and take my chance--
I’m a good American and I always liked them--
Except for one small detail that bothers me
And that’s the food proposition. Because, you see,
The concrete-mixer may have made a mistake,
And it looks like just high spirits.
But, if it’s got so they like the flavor . . . well . . . 


miércoles, enero 05, 2011

The Lost Fingers. No tan perdidos

Aparentemente dominada por Estados Unidos, Canadá es también un país de grandes músicos. 
The Lost Fingers es un grupo quebequense que se dedica a tocar covers ochenteros en el estilo de jazz gitano inaugurado por Django Reinhardt.
Este estilo se caracteriza por intercambiar los instrumentos de metal y la batería, típicos del swing por guitarras acústicas y un contrabajo. Pero además proporcionó una visión diferente a la estadounidense dándole al jazz un toque europeo inspirado en la música gitana y en composiciones clásicas. Pero su mayor particularidad se la dio un accidente que cambiaría la forma de tocar de Django.
En 1928, a los 18 años, un incendio en la caravana donde vivía lo deja seriamente lastimado de su mano izquierda inutilizándole los dedos meñique y anular. Entonces practica tocando con sus tres dedos restantes y ayudándose de los dedos dañados y el pulgar para tocar acordes y con el índice y el medio para crear virtuosos solos.
Sesenta y seis años después, en 1994, Byron Mikaloff (guitarra y voz) conoció a Christian Roberge (guitarra y voz) en el Conservatorio de Música de Québec. La amistad inmediata los llevo a formar The Lost Fingers en el 2004. Un par de años después, buscando diversificarse, incorporan a Alex Morissette en el contrabajo y voz, y el concepto queda redondeado.
Fusionando, no únicamente una alta técnica y mucha imaginación en los arreglos, el trío le dio un toque de humor, demostrando, una vez más, que el jazz no tendría porque ser serio y estirado.
El disco Lost in the 80’s (Sony BMG, 2008) se ha convertido en disco de platino y les ha permitido aparecer en múltiples festivales de jazz en el mundo. Pero además de estas credenciales habrá que escuchar la música. El homenaje que hacen a la música de AC/DC, Stevie Wonder, Technotronic (sí, los de Pump the Jam), Bon Jovi, Michael Jackson, George Michael y Céline Dion es desternillante, gracias a que cantan frases como “Pump it up a little more, get the party going on the dance floor”, con seriedad de crooner casi inexpresivo, pero al mismo tiempo son deslumbrantes, en especial por los veloces solos de guitarra.
Aunque parece que este grupo se quiere montar en la moda imperante en el jazz de hacer covers de canciones comerciales en versiones de elevador. El trío en realidad llega más lejos, no únicamente porque sigue la forma de hacer música de Django en la técnica, sino que el fondo, en su ideología es similar. El guitarrista gitano gustaba hacer versiones swing a, por ejemplo, un movimiento de algún concierto de Bach, un bolero raveliano, piezas de Gershwin o viejos rags de Nueva Orleáns. En este caso el The Lost Fingers revisa la música que escuchamos los treintones en nuestra adolescencia y la reinventa actualizándola y complejizando su estructura. Veremos que más nos pueden ofrecer en un futuro no demasiado lejano. 
Actualización: Desde que escribí esta reseña para una revistilla lagunera, The Lost Fingers lanzaron dos discos, uno de música francesa que se llama Rendez-Vous Rose (Sony, 2009) y otro donde vuelven a la fórmula pasada y reinterpretan éxitos ochenteros, Gypsy Kameleon (2010). Sus tres discos son muy recomendables.